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jueves, 11 de septiembre de 2014

Simbologìa del Movimiento

LA ACTIVIDAD MOTRIZ ESPONTANEA :
A. Lapierre- B. Aucouturier
Editorial Científico-Médica
Barcelona

Obra sobre la importancia de una educación vivenciada y personal a través del cuerpo y del movimiento, desde los primeros momentos de la vida, escrita en colaboración por los dos nombres fundamentales de la psicomotricidad educativa, André Lapierre y Bernard Aucouturier.

Según los autores, en muchos casos se considera al niño un objeto, y no un sujeto que experimenta sus propios deseos y que en muchas ocasiones renuncia a ellos, de una forma inconsciente, porque tiene miedo a desaparecer en el deseo del otro, del adulto, de sus padres, más tarde de sus profesores, después de sus jefes, de su pareja… en una vida basada en complacer a los demás y no afirmarse nunca como sujeto. El niño así condicionado en sus afectos y en sus actos también puede revelarse contra esa tiranía ejercida por los adultos con, en la mayoría de los casos, la mejor intención, y se convierte en un niño y adulto “problemático”, porque la agresividad primaria que ha sacado y que es natural al ir encontrándose con obstáculos que se oponen a su deseo, en vez de ser canalizada de una forma adecuada y saludable ha sido culpabilizada. Es necesario aprender, a través de la propia vivencia y experiencia, y no a través de la prohibición y la imposición, que nuestros deseos en ocasiones se van a encontrar con obstáculos que nos van a impedir realizarlos, y la aceptación de esta realidad, la tolerancia a la frustración que nos ocasiona esta imposibilidad de realización de algo que deseamos, es también una actitud saludable.

Si favorecemos que el niño adquiera confianza y seguridad en sus capacidades y en sus logros porque tienen su origen en su propio deseo, en sus propios intereses; si sabe que tiene el afecto incondicional de sus figuras de apego (porque ese afecto no está condicionado a que el niño se adapte constantemente al deseo del adulto) podrá desarrollar todo su potencial y ser una persona responsable, autónoma y comprometida con su propia vida, y se relacionará de una forma saludable consigo mismo, con su entorno y con los demás.

La educación basada en la propia vivencia del niño persigue estos objetivos, favoreciendo una búsqueda personal de cada niño, que tiene así la oportunidad de experimentar el deseo, de tener unos objetivos propios y no impuestos. Cuando el niño experimenta el deseo actúa, se está afirmando como sujeto. Si el adulto no interviene relegando al niño a un papel pasivo (dándole todo hecho=objeto) ni culpabiliza ese deseo, sino que lo escucha y favorece dentro de unos límites razonables y aceptables (con esa experiencia que el niño va adquiriendo él mismo va a saber dónde están los límites propios y ajenos), esa acción pone al niño en situaciones diversas que tiene que afrontar para alcanzar su objetivo. Desarrolla así la perseverancia, el esfuerzo, conoce sus propios límites y aprende a respetar los límites que le pongan los demás. Si el adulto interviene constantemente con sus juicios el niño renuncia a su deseo o saca una agresividad destructiva. Si interviene con su “ayuda” cuando no es necesario el niño se hace pasivo y dependiente y será un adulto inmaduro.

CÓMO SURGE EL DESEO EN EL NIÑO

la necesidad de afirmarse como sujeto, ya no quiere ser objeto. A través de la exploración va descubriendo y conociendo su cuerpo, sus posibilidades y limitaciones, descubre los objetos y a los sujetos, descubre que puede coger cosas y lanzarlas invistiendo un espacio al que aún no puede acceder por si mismo. Más tarde descubre que puede desplazarse por el espacio, alejándose de la figura de apego. Cuando el niño empieza a alejarse y cuando del espacio horizontal va pasando al vertical, hay un sentimiento de inseguridad pero también experimenta el placer de la liberación, de liberarse de lo seguro, de ser capaz por sus propios medios de hacer todas esas cosas, y adquiere una gran confianza y seguridad en si mismo. También va conquistando el espacio sonoro a través del grito, del ruido, de los sonidos propios y de los objetos. Hay que dejar que los niños tengan esas experiencias todo el tiempo que necesiten y deseen, porque van logrando toda una serie de conquistas personales que tienen una enorme importancia para su vida futura. Si el niño tiene que renunciar a todas esas vivencias experimenta una enorme angustia, pero al mismo tiempo vive la angustia de que no renunciar va a suponer desaparecer en el deseo del adulto, por lo que se da un conflicto muy fuerte que desemboca en la resignación (que es agresividad hacia uno mismo) o en la agresividad destructiva (deseo de que las figuras de autoridad desaparezcan)

La psicomotricidad educativa favorece que el niño (y también los adultos) a través del movimiento libre, de la expresión libre de todas sus pulsiones, de la desculpabilización de su deseo y de sus iniciativas, de la aceptación de la agresividad primaria… desarrollando diferentes dinámicas y encuentros con uno mismo y con el otro, resuelva esos conflictos que le bloquean y le impiden un desarrollo pleno.

De si el niño ha podido experimentar todas sus pulsiones en un terreno inconsciente va a depender su posterior desarrollo consciente, la aparición del pensamiento abstracto. Pero la adquisición de estos nuevos conocimientos también debe darse desde el deseo, desde el interés personal de cada niño y no desde la imposición y la rigidez. Por eso dicen los autores que es necesario repensar la escuela, debate que sigue vigente en la actualidad…
EVOLUCIÓN DE LA PRÁCTICA PEDAGÓGICA
La práctica pedagógica es un proceso de búsqueda constante que está abierta a nuestro propio estudio, a la creatividad de los niños y de los propios docentes, que pueden proponer nuevos modos de búsqueda a los niños para conocer mejor sus preferencias e intereses. Esta búsqueda constante provoca una necesaria evolución. Esta evolución se ha dado a partir de dos aspectos:
• El abandono de una actividad programada por el profesor, en favor de la actividad espontánea, la cual debe ser analizada por el docente para después orientarla hacia unos propósitos.
• Bajo toda actividad espontánea hay una estructura simbólica, alcanzándose con esta actividad niveles emocionales y afectivos muy profundos.
LA ACTIVIDAD MOTRIZ ESPONTÁNEA
Con la actividad espontánea se quiere dar libertad a la creatividad, libertad a los diferentes modos de expresión, para que se dé una comunicación totalmente libre. Con esta actividad espontánea se analizan las diversas situaciones surgidas de modo que sirvan al docente para conocer las necesidades, gustos y motivaciones del grupo. Esta libertad ofrecida es aparente, aunque el docente no intervenga en las sesiones pareciendo ausente, él está presente no sólo bajo la forma de su persona sino también en la situación ofrecida, ya que ha sido él el que ha dispuesto todo para los niños, de modo que espera algo de ellos. Esto se traduce en los niños en un sentimiento de obligación, de tener que hacer algo y que sea del agrado del profesor. Éste al no criticar nada de lo sucedido en la sesión, produce en los individuos una gran inseguridad, producto de una libertad para la cual el niño no está preparado. Se van a producir diversas actitudes, defensa, refugio, huida, para que este sentimiento de inseguridad desaparezca. 
El papel del profesor es muy importante, la actitud que tenga en las sesiones va a ser fundamental para que el niño pueda dar el salto hacia la autonomía y libertad. Su comportamiento, actitud e intervención en las sesiones deben ser modificados poco a poco hasta que su figura no sea necesaria, alcanzando entonces el niño total independencia. En esta progresión el docente debe variar los llamados controles pedagógicos:
DE LIBERTAD NO DIRECTIVA

a primera debe ir asumiendo mayor parte de protagonismo en las sesiones, a medida que éstas se van haciendo más ricas.
DE IMPLICANCIA Y RETIRO

el docente debe alejarse del grupo progresivamente en función del grado de autonomía asumido por el grupo.
DE LA SEGURIDAD Y LA INSEGURIDAD

Es necesario llevar al niño desde la seguridad que produce el profesor hacia la inseguridad, consecuencia directa de la autonomía otorgada. Como se ha comentado previamente, la libertad impuesta al niño le da gran inseguridad. De este modo van a aparecer ciertos comportamientos con la función de restablecer un estado de seguridad. Estos comportamientos son muy diversos y reciben el nombre de fugas o refugios. La inhibición; en ocasiones el niño responde a la inseguridad mediante un bloqueo tanto de la acción como de la imaginación, de modo que no puede ni expresarse ni ser juzgado por los demás.
Este bloqueo será posteriormente sustituido por otro tipo de refugio. La agitación; el niño se esconde bajo una actitud de risa o indiferencia, pero se demuestra una dificultad a la hora de expresarse. Aparece el juego artificial y forzado como modo de refugiarnos y de no expresarnos auténticamente. En todas estas actitudes el profesor no debe intervenir, de modo que se vayan sustituyendo unos refugios por otros. Los estereotipos aprendidos; una acción que da seguridad es ocultarse bajo una acción o actividad aprendida o dominada. El grupo; al estar inmerso dentro de un grupo uno tiene gran seguridad El individuo pierde su autonomía en favor del grupo, que bajo la figura de un líder organiza actividades que dan seguridad a los componentes del mismo. Este nivel se alarga según el repertorio de juegos del grupo. El maestro debe actuar sólo cuando esta situación sea persistente, dividiendo el grupo, cambiando los materiales, etc... Cuando se han agotado todos los juegos conocidos por el grupo, los niños emprenden actividades más espontáneas y de forma más independiente. En este orden de situaciones expuesto hay saltos y gran variedad de situaciones que dependen de muchos factores. En estas situaciones es donde nace la conciencia individual y la conciencia colectiva, al beneficiar al grupo con nuestras propias experiencias. También se produce una evolución de la relación con el objeto. Al principio se utilizan los objetos moviéndolos, son como una parte de nosotros y nos movemos con ellos al darnos seguridad. El objeto nos ayuda a movernos y a ocupar el espacio de forma indeterminada, llegando a ocupar al final los espacios más comprometidos. Esta ocupación del espacio significa el ser aceptado en el territorio de los demás y también aceptar a los compañeros en tu propio espacio.
PULSIONES PRIMITIVAS Y CONTRASTES FUNDAMENTALES        
Otro punto a desarrollar es la búsqueda y desarrollo de la relación existente entre las diversas nociones racionales y su vivencia afectiva, incluyendo además ciertas pulsiones primitivas. A la hora de vivenciar ciertas nociones es muy difícil hacerlo de forma espontánea y creativa, ya que son nociones de intensidad, grandeza, velocidad, dirección, etc. Cualquier vivencia de este tipo se produce generalmente de forma artificial, por lo que normalmente se desarrollan las facetas más racionales. Para vivenciar esas nociones de forma más espontánea y creativa, debemos dar más importancia al aspecto simbólico y relacional; no hacer desaparecer el nivel racional sino emplear la carga afectiva y simbólica de cada noción que ha estado oculta. Al vivenciar estas nociones en un nivel afectivo, llegan a asimilarse y organizarse de una mejor manera dentro del individuo.
Los niños van a buscar esa vivencia emocional en situaciones y acciones espontáneas caracterizadas por un interés en vivenciar su cuerpo en relación con el exterior. Este es el punto de partida para ir avanzando hacia placeres menos primitivos y para integrar de forma más eficaz los conocimientos. No se puede anticipar la asimilación de estos conocimientos a la vivencia de los mismos. Esta primera fase es la verdaderamente importante, la racionalización es un proceso posterior que se produce rápidamente. En las situaciones en las que el educador intenta modificar gestos, provoca variaciones tanto en el plano racional como en el relacional, de modo que al introducir variaciones en nuestro modo de expresarnos estamos buscando nuevas formas de creatividad. En la vivencia de estos contrastes encontraremos por un lado la inmovilidad vivenciada, representada normalmente mediante un repliegue de sí mismo, y por otro lado el alboroto, movimiento, alegría, etc... Dentro de la inmovilidad podemos distinguir la inmovilidad de reposo y la de contracción, que nos expresará una forma de vida latente. Mediante estos contrastes vamos a descubrir las nociones de acuerdo y desacuerdo, la armonía o el orden con el otro o con un objeto significa acuerdo, mientras que la discordancia expresa el desacuerdo.
PERSPECTIVAS DE UNA EDUCACIÓN VIVENCIADA
Hoy en día se admite poca actividad emocional en la escuela. El movimiento espontáneo y creativo, propio de los patios de recreo, es sobre el que debemos trabajar. Debemos preguntarnos cuál es la causa de ese constante movimiento y ese deseo de contactar y expresarse con un objeto y con los demás. Nuestro estudio debe basarse en el origen de este movimiento y su desarrollo, dejando de lado el cuerpo. Cada etapa psico afectiva del movimiento va a tener unas acciones simbólicas características que deben ser abordadas para una mejor comprensión.
LA PULSIÓN DEL MOVIMIENTO ORIGEN, EVOLUCIÓN Y CONFLICTO 

La vida no se puede entender sin movimiento, tanto un movimiento interno y biológico, o un movimiento de relación con el exterior. Ambos están relacionados y funcionan de manera coordinada. La necesidad biológica de movimiento es la causa de nuestras emociones, deseos, frustraciones, respecto a este. Esta serie de emociones se pueden encontrar tanto en niños como en mayores. Vamos a elaborar una estructura coherente de las diferentes etapas que se dan en el desarrollo del movimiento vivenciado, ir de lo más simple y primitivo hasta formas más evolucionadas. Las diferentes etapas son:
PULSIÓN DE VIDA 

Esta es una etapa primitiva en la que se intenta simbolizar las primeras sensaciones relacionadas con el origen de la vida. Para provocar esta vivencia, podemos partir de una situación de repliegue sobre sí mismo, en contacto con el suelo y cubiertos con un pañuelo grande. Esto junto con una música lenta produce una serie de movimientos de expansión y repliegue sobre el suelo. Poco a poco se experimenta el deseo de abandonar el suelo.
INTERCAMBIOS TÓNICOS Y ESTADOS FUSIONALES 

El niño en sus primeros meses de vida no se puede mover voluntariamente, pero sin embargo mantiene contactos con el exterior de forma muy primitiva y a un nivel casi inconsciente. Esto se piensa que puede ser el origen de la percepción. Estas posibilidades son reemplazadas por nuestras percepciones racionales en la vida adulta. La percepción difusa tiene una función afectiva dentro de las sensaciones a la que se le podría llamar sensualidad. Son percepciones internas que nos dan datos sobre nuestras tensiones musculares y que van a estar relacionadas con el placer que nos produce el movimiento biológico o celular. Se debe favorecer esta regresión simbólica, ya que en muchos casos a pesar de ser esencial para el individuo, estos contactos no han sido vivenciados debido a las restricciones de tipo sexual. Esta regresión necesita una serie de etapas anteriores ya que es necesario seguir una progresión. En esta progresión nos ayudarán aquellas situaciones en las que percibamos el cuerpo, las tensiones y en general, los mensajes tónicos del otro. El contacto directo se da en la agresión y en la danza. En la danza nos cogemos de las manos, de la cintura, etc., y es este contacto el que ayudado por un descenso del ritmo favorecerá una comunicación más profunda.
INMADUREZ Y DEPENDENCIA

El deseo de existir como objeto de deseo. Durante los primeros años de vida de un niño éste siente una necesidad de contacto con su madre. Esta necesidad se muestra en que el niño quiere en todo momento ser objeto de deseo de la madre. Esta necesidad de existir en el deseo del otro se puede observar a menudo en situaciones espontáneas, es una demanda hacia la atención del otro. Este tipo de actitudes las podemos evitar mediante diferentes situaciones en las que el individuo mantiene relaciones interpersonales fluidas en las que puede actuar recíprocamente.
LA TOMA DE LA DISTANCIA AFECTIVA 

El objeto transicional, Con la adquisición de la noción de permanencia el niño pequeño puede prescindir de la presencia de la madre. Aquí toma importancia el objeto transicional que es aquel que está cargado de afectividad y sustituye a la persona ausente. Esta vivencia es experimentada simbólicamente por el niño y el adulto. Esto se puede favorecer proponiendo un número de contactos con el objeto, o cubriéndonos con él. También se pueden dar contactos móviles con el objeto, mediante deslizamientos, rodamientos, en los cuales el suelo acapara gran protagonismo de modo que evolucionemos desde el juego hacia un contacto más afectivo con el suelo, simbolizando ese ritmo primitivo y vital.
El poder de actuar, el poder sobre su cuerpo, la vivencia del cuerpo A continuación aparecerán otro tipo de actividades que se integran con las actividades tónicas, éstas son las actividades voluntarias. 
La aparición de esta actividad voluntaria, es toda una revolución en el modo de expresar nuestro pensamiento consciente. Esta es una manera de adentrarse en el juego ya que el niño al manejar objetos descubre su propio cuerpo como mediador entre él mismo y el mundo exterior. Así empieza a descubrir su propio cuerpo, juega con sus diferentes segmentos, experimentando así un gran placer basado en la vivencia de su cuerpo. Esta etapa debe desarrollarse con total libertad sin poner obstáculos para que se pueda superar. Durante los tres primeros años de vida, el niño vive una etapa en la que se interesa por el mundo y su modo de interaccionar con él y descubrir cosas nuevas es a través del movimiento. A esta etapa se le llama agitación. En la escuela se reprime bastante a menudo esta agitación, no dejando al niño la manera más espontánea y creativa que tiene para desarrollarse. En la edad escolar el niño se siente más atraído por los objetos, apareciendo un interés por el cuerpo más adelante.
Así si queremos que el niño vaya conociendo su cuerpo podemos partir del manejo de objetos y evolucionar a partir de ahí, de modo que el niño experimente por sí mismo hasta descubrir su propio cuerpo como medio de acción entre el objeto y él mismo. Se trata de una etapa regresiva.
LA VIVENCIA DEL OBJETO

Cuando el niño maneja objetos se dedica a actuar. Poco después aparecerá el deseo de actuar. Esto es considerado como el origen de la inteligencia. Para que algo se asimile mejor intelectualmente antes es conveniente experimentar o interactuar con ello. El movimiento usado para investigar el mundo puede ser interrumpido para fijar una estructura o tomar conciencia de algo. Estas estructuras pueden originarse por ejemplo a través de la utilización de los objetos en un contexto imaginario. El cuerpo del otro puede utilizarse también como objeto, y jugar con él asemejándose esta situación a comportamientos de animales, experimentándose así una regresión filogenética.
LA VIVENCIA DEL ESPACIO

El espacio gestual. El niño además de descubrir su cuerpo mediante el movimiento es capaz de descubrir el espacio. El bebé hace esto utilizando los objetos ya que mediante éstos invade el espacio que por sí solo es incapaz de conquistar. Es una manera de proyectarse en el espacio. Partiendo de aquí podemos afrontar el espacio desde otros puntos de vista, proyectándonos en las paredes, techo, etc..., simbolizando así la conquista del volumen. Cuando hablamos de ocupar el espacio hay muchas posibilidades, por eso debemos proponer el volumen como una parte del espacio. En estas situaciones van a surgir las direcciones, tanto las referidas a los planos ortogonales al cuerpo, como las direcciones originadas de los distintos segmentos de nuestro cuerpo. Expresamos direcciones y éstas pueden ser percibidas por los demás.
EL ESPACIO SONORO 

En el espacio y el volumen hay implicado un aspecto muy significativo: el ruido. 
El ruido y el sonido provocado por nosotros nos proyecta en el espacio, de forma que el espacio se llena de nuestra presencia. El ruido nos permite conquistar el espacio mientras que el silencio nos envuelve, nos reduce a nuestro propio cuerpo. El ruido alcanza a todos los de alrededor, siendo menos limitado que el gesto o el movimiento.
EL DESEO DE SER RECONOCIDO COMO SUJETO

El obstáculo y la prohibición. La agresividad. En el momento que el niño se da cuenta de su poder de actuación necesita ser reconocido como sujeto. Esto normalmente suscita actitudes agresivas al encontrarse con obstáculos como son los demás y los propios objetos. Estas actitudes no deben ser juzgadas ya que forman parte del desarrollo de la persona y deben orientarse hacia situaciones más fructíferas, siendo así aceptadas por los demás. Las reacciones de agresividad y rebelión al fracaso se convertirán en actitudes de búsqueda, paciencia y perseverancia si dejamos actuar libremente al niño. Él realiza múltiples ensayos sobre algo que le es propio, su propio deseo. El niño también aprende los límites de su libertad, por la oposición de los demás. El niño en su deseo de actuar también encuentra otro tipo de resistencias como pueden ser las prohibiciones del adulto, el rechazo, etc... Esto unido a determinadas recompensas, es un claro condicionamiento del individuo. La única forma que le tiene el profesor para regular la conducta es mediante el refuerzo subjetivo, enjuiciando oralmente o gestualmente. Este condicionamiento está presente en el nivel en el cual el niño quiere ser reconocido como objeto del deseo del otro. Siente placer cuando responde al deseo del educador y tristeza cuando no responde a este deseo. El niño vive las prohibiciones impuestas como un rechazo, para eliminar este rechazo se prohíbe a si mismo ese acto condenado, incluso el propio deseo, surgiendo así la culpabilidad del deseo. Cuando surge el deseo, inmediatamente surge la culpabilidad y es esto lo que no nos permite expresarnos de forma espontánea y libre. Por tanto debemos eliminar el enjuiciamiento, proceso que se debe realizar de forma progresiva pues el juicio positivo del otro da seguridad. Hay que liberar al niño para que asuma su libertad y esto requiere mucho tiempo.
REGRESIÓN

Búsqueda de la ausencia. Pulsión y angustia de muerte El niño ante los obstáculos a los que se debe enfrentar puede experimentar un deseo de desaparición, de retorno a la seguridad afectiva. Él no busca reafirmar su presencia, al contrario prefiere sentirse ausente ante las dificultades que se le presentan. Esto lo puede expresar simbólicamente mediante la pasividad, pereza, inatención, etc... El niño se refugia tras personajes o actitudes inventadas, nada espontáneas y que son realizadas para no tener que ser enjuiciado. Junto con este deseo de desaparecer existe un miedo a la inexistencia. Se van a dar ambos deseos, lo que no va a permitir la plena expresión de ambos, por tanto debemos procurar la expresión separada de cada uno. La ausencia puede ser expresada en el niño mediante desapariciones en las que él se acurruca en su escondite, se cubre con un pañuelo, etc... Todo esto lo realiza espontáneamente, por ello este medio de expresión debe ser permitido y favorecido por el maestro mediante algunas sugestiones. También pueden esconderse unos a otros, apareciendo situaciones que simbolizan ritos o danzas en las que el individuo acepta su propia muerte, para luego poder resucitar, incitando en los demás diversas emociones y experiencias. En realidad se trata de un juego en el que el niño juega con la muerte y en general con las cosas que le provocan. Es una manera de dominar estos miedos mediante situaciones vividas de forma alegre.
LA DESAPARICION DEL OTRO

La agresión contra el padre. L posibilidad de ser objeto del deseo de otro sólo tiene significado si el otro existe. Así que existe un miedo a la muerte del otro. Por el contrario también se desea la desaparición de éste, pues limita nuestra acción. Si nos limitamos a ser objetos del deseo del otro, somos nosotros los que desaparecemos como sujeto. Existe por tanto la ambivalencia de estos dos deseos. Esta situación se vive durante el complejo de Edipo, el padre puede hacer desaparecer al niño del deseo de la madre, pero su muerte representa la desaparición del orden, la ley, etc. El desorden crea inseguridad en el niño, por lo tanto va a depender también del padre, va a oscilar entre las dos figuras parentales. Para conseguir su autonomía respecto a estas dos personas, primero asumirá el papel del padre. Nosotros debemos posibilitar la creación de sus propias estructuras y des culpabilizar esa oposición al orden en favor de su creatividad. Esta agresividad contra el padre se puede simbolizar en la persona del maestro mediante diversos juegos. Incluso la muerte simbólica del maestro produce alegría y excitación en el grupo.
MUERTE Y RENACINIENTO

El tener libertad para llevar a cabo nuestros deseos nos sirve para prepararnos para otro contraste, no son una finalidad en sí mismos. La expresión de la destrucción, si es aceptada y vivida libremente, permite la aparición de la creación. Por ello no debemos limitarnos a ciertas estructuras que nos proporcionen seguridad, ya que no nos permiten evolucionar. Este proceso se debe vivir a nivel inconsciente, pues es ahí donde residen los miedos y prejuicios hacia ciertos conceptos. El niño ha de pasar por una serie de etapas que son dejadas en beneficio de otras. Esta evolución no debe acabar a la edad adulta porque esto supone la detención del desarrollo de nuestra personalidad. El concepto de la muerte tiene que ser vivida por el niño mediante la búsqueda de la ausencia a través de la inmovilidad, silencio y oscuridad. Este concepto debe ser aceptado para poder vivir después el renacimiento, que lo podemos vivir de dos formas: - Por oposición violenta, originándose una explosión vital, y con ella el trauma del nacimiento. - Progresivamente, es decir, tomando poco a poco conciencia de nuestra presencia.
CREACION Y EVOLUCION DE LAS ESTRUCTURAS

En nuestra sociedad nos vemos sometidos a una rápida evolución que nos hace estar inmersos constantemente en un estado de desestructuración que nos produce angustia. Ante este estado hay tres actitudes posibles. - Rechazo al cambio, aceptación del orden establecido y renuncia a la iniciativa y a las responsabilidades. - Rebelión, consistente en desatar la violencia y agresividad contenidas, sin intenciones o planes para una reconstrucción. - Marginación, que esconde una añoranza o deseo regresivo. Si nos adaptamos a la dinámica normal que sigue un niño en su pensamiento, nos alejamos de la pedagogía, que no coincide con nuestras intenciones. Se trata de buscar una relación constante entre el pensamiento del niño y el del maestro. Esta relación recíproca hace necesaria una comunicación profunda y auténtica, sólo conseguida con una necesaria disponibilidad del docente y del niño.
DE LA AGRESIVIDAD AL ACUERDO
La agresividad es la consecuencia directa de la oposición entre el deseo de afirmación por medio de la acción y los obstáculos que frenan ese deseo. Los obstáculos exteriores al sujeto son fácilmente superables, mientras que aquellas prohibiciones internas del individuo son más difíciles de superar. La superación es mediante la transgresión, acto culpabilizado y auto agresivo, que inhibe la posibilidad de afirmación. Esta situación provoca actitudes de abandono, desinterés, pereza, inhibición del gesto, alteraciones del lenguaje, etc... Para evitar estas actitudes debemos dirigir esta agresividad hacia formas que puedan ser aceptadas.
LA AGRESIVIDAD ACEPTADA: MEDIO DE RELACIÓN 

La agresividad se puede entender como un medio de comunicación con el otro. En ocasiones una agresión puede entenderse como una demanda de relación. Esto debe aceptarse y a partir de ahí desarrollar nuevos medios de relación. Si prohibimos esta actitud estaremos reforzándola, pero por otro lado si no respondemos a esta agresión, aumentará la agresividad. Lo más adecuado es des culpabilizar esa agresividad, provocando situaciones donde se pueda vivir simbólicamente esta violencia mediante juegos. A través de propuestas podemos hacer que estas agresiones se conviertan en gestos de agresión, lanzamientos,... Debemos ayudarnos de la agresividad para adquirir ciertas capacidades y destrezas. Así conseguiremos cierto dominio de la agresividad, pudiendo entonces adaptarse al otro, conociendo sus propios límites.
LIBERTAD DE EXPRESIÓN: El mayor deseo del niño es ser libre en sus actos, es decir, no ser juzgado ni sometido a los deseos de nadie. La labor del educador debe ser la de proponer situaciones, que le faciliten al niño la búsqueda la investigación y el descubrimiento, que dará origen a nuevos aprendizajes. Así el niño se expresará de forma auténtica y espontánea... es libre al mismo tiempo que trabaja y crea.
LA BÚSQUEDA DEL ACUERDO
Una vez superada la agresividad inicial del niño se puede intentar buscar el acuerdo. Éste se ha preparado de dos formas:
- Por la evolución de su relación agresiva con el otro.
- Por la búsqueda de acuerdos tónicos, es decir, partiendo de actitudes agresivas llegamos al acuerdo. Estas formas de acuerdo pueden evolucionar de forma que no se limite el gesto del otro, sino que se complemente. El acuerdo de cooperación está basado en la espontaneidad, de forma que la relación es libre y directa. Mediante la comunicación libre el niño debe trabajar en grupo, este trabajo es la base para una buena actuación en el nivel intelectual. Estas situaciones, en ningún momento deben ser impuestas, sino que deben ser deseadas por el niño.
SOCIALIZACIÓN 

El niño en el proceso hacia el acuerdo va a socializarse. Esta socialización es un proceso que va a seguir una evolución. Trataremos de favorecer las asociaciones iniciales para que se dé el placer del acuerdo. Estas primeras relaciones suelen desfavorecen el acuerdo en otras situaciones pero aun así debe ser permitido y después hacerlo evolucionar. El niño aprende a cooperar con los demás a repartirse el trabajo y a organizarse, haciendo de este grupo un equipo eficiente.
HACIA LA EXPRESIÓN ABSTRACTA 

El niño se autoafirma a través de su experiencia motriz y ésta será sustituida por la expresión abstracta, en la cual se podrán reflejar nuevos conflictos. Al expresarnos de distintas formas lo que hacemos es afirmar nuestra presencia. Al afirmar nuestra presencia pueden aparecer nuevos conflictos y miedos. De ahí que exista un miedo a expresarnos, al juicio del adulto, por lo que nos refugiamos en los pensamientos estereotipados. Debemos permitir al niño una investigación y búsqueda personal, que intente cosas sin ser sancionado, respetar su opinión y liberar su modo de expresión tanto motriz como abstracta.
LA HUELLA Y EL DESEO DE SOBREVIVIR, DE LA CREATIVIDAD A LA CREACIÓN. 

La creatividad la buscamos en la actividad motriz. En ocasiones esta búsqueda se para y se inmoviliza buscando una estructura, algo que perdure en el tiempo. Aquí es donde aparece la noción del tiempo abstracto, tiempo en sentido inverso a la acción, hace del futuro un pasado. La creación de una estructura permanente ayuda a superar la angustia de que es objeto el niño, ya que toda actividad motriz que él protagoniza no tiene permanencia.
HACIA LA EXPRESIÓN PLÁSTICA. 

El niño desde muy pequeño se da cuenta de que con su acción puede modificar la estructura del espacio. Al principio esta modificación se producirá sobre materias maleables y surgirá por casualidad. A medida que esta interacción se haga intencional irá apareciendo el modelado junto con una incesante búsqueda de ideas que pueden originar una forma final. Este modelado se puede empezar a abordar a través de cuerdas en el suelo, más adelante con la línea de nuestro cuerpo. También mediante superficies (como pañuelos y sabanas) con las que podemos envolver los cuerpos y recubrirlos buscando nuevas formas de expresión a través de estas construcciones. A través de estas construcciones el niño experimenta diversas estructuras que son propensas a organizarse atendiendo a nociones matemáticas. Los maestros no deben poner barreras al niño a la hora de expresarse gráficamente, debemos cederle el mayor espacio en el cual pueda desarrollar su capacidad expresiva y evolucionar de ahí hacia la concentración del gesto.
HACIA LA EXPRESIÓN SONORA 

Un modo de expresión es el ruido, que lo podemos encuadrar dentro de los gestos. Si lo que queremos dominar es el gesto, debemos saber dominar el ruido. Para llegar a un dominio de éste, es necesario un desarrollo psicológico adecuado. Primeramente que debemos hacer es liberar la expresión sonora, para ello debemos partir de los gustos del niño, de su deseo de auto afirmación en el espacio. Este deseo normalmente está muy reprimido por la oposición de los demás y la culpabilidad de hacer ruido. Así inhiben este modo de expresión. Si queremos dominar el ruido, es necesario liberarlo, permitir la explosión de éste a través del juego y el alboroto. La expresión sonora se puede dar por la expresión vocal o por el sonido a través de los objetos. Éste último modo de expresión está menos afectado por la inhibición. Al expresarnos mediante instrumentos descargamos toda nuestra agresividad, intentamos imponer nuestro ruido sobre el de los demás. Esto debe ser permitido, para que evolucione hacia una calma general. El grito también es un modo de expresión sonora y lo podemos transmitir en el espacio con dos intenciones:
- Ser reconocido como objeto, forma de llamada.
- Deseo de ser sujeto, forma de afirmación. El grito no se da de forma aislada, siempre va unido al gesto. Al proponer el grito en las sesiones, podemos ver la alegría que éste produce en los niños. Podemos combinarlo con diferentes propuestas, de modo que se realicen sin esfuerzo aparente. El lenguaje también permite gran variedad en su aspecto fónico, ya que permite expresar diversas emociones o mensajes, según el tono o el afecto que se quiere expresar. Todo mensaje encierra elementos extra verbales, que dan una significación a nivel afectivo y emocional. Por eso el bebé es sensible al lenguaje de la madre sin llegar a entenderlo todavía, sin estos elementos al lenguaje le falta algo esencial.
HACIA LA EXPRESIÓN RACIONAL 

Ahora nos queda estudiar el paso del símbolo al signo, la manera de adquirir un código social, el lenguaje en todas sus variedades en las cuales se basa el pensamiento racional. • Hacia el lenguaje verbal El lenguaje del niño está presente en todas las etapas de su desarrollo, él lo utiliza y va comprendiendo poco a poco su significado. El niño debe aprender a expresarse y mediante este proceso va a tener una actitud de sujeto, la cual no es favorecida en la escuela. Es el profesor el que se intenta hacer comprender dando un papel secundario al alumno, un papel de objeto. Esta utilización del lenguaje debe ser invertida, de modo que el niño sea comprendido por los demás, al igual que ocurre en la reflexión final de nuestras sesiones. El acto de hablar le sirve al niño para reafirmar su presencia, al igual que hacía mediante el movimiento, sin embargo esta forma de auto afirmarse esta culpabilizada. El maestro en la reflexión final se debe limitar a escuchar, responder y hacer preguntas, en ningún momento debe ser censor, puede aportar o proponer palabras y expresiones sin enjuiciar las fórmulas de expresión de los demás.
HACIA LA MATEMEMATICA 

El orden y la estructura surgen a través del gesto, y gracias a éste organizamos los objetos y más tarde organizamos también nuestros cuerpos asociándolos a estas estructuras. El niño realiza esto por puro placer. Este placer evolucionará hasta que la estructura por si misma sea interesante para el niño. Los niños desde pequeños son capaces de crear estructuras simétricas, sin darse cuenta ni mostrar interés. Son actividades vivenciadas por el niño en otros niveles, que al darse en otras situaciones o al emplear distintos objetos hace que surja un interés por ciertas nociones, ya matematizables. Para que exista un interés por el lenguaje matemático es necesario que la vivencia anterior haya sido rica, que se haya despertado la creatividad del niño, en sus diferentes planos. Después de esto el niño debe ser dejado en libertad, que busque diversas formas de organizar y ordenar lo que le rodea. Gracias a estas experiencias el niño aprende a manejar diversas nociones matemáticas. El educador en esta situación debe conocer la evolución del niño. Proponerle diferentes experiencias en su búsqueda, basada en el deseo. Ayudar al niño cuando sustituye la expresión motriz, sonora, mediante objetos,... por la expresión abstracta, proponiéndole modos de “expresión codificada”.


REPENSAR LA EDUCACIÓN 
Actualmente en la enseñanza atiende más al plano consciente que al inconsciente, el cuál en numerosas ocasiones está implicado en los procesos de enseñanza de diversos conocimientos y habilidades. En la adquisición de nuevos modelos es cuando se produce un escape momentáneo de creatividad, hasta que el profesor restablece una situación fija y programada del modelo. Simultáneamente se produce un proceso de “formación del individuo social”, tiene lugar en dos niveles:


- Nivel consciente de la transmisión, se intenta transmitir un código moral conscientemente. La transmisión es poco eficaz.

- Nivel del condicionamiento a un cierto estado de ser, determinado por todo el comportamiento del educador y el medio. Educa en mayor medida el comportamiento del educador que lo pueda saber.
En la escuela se limita la libertad del niño, estando sumiso a los deseos del docente, se inhibe la relación con los demás, y sus posibilidades de comunicación se pierden. Más tarde se quiere liberar al niño, darle una autonomía para la cual no ha sido preparado y se produce una mayor desestructuración en el niño. La libertad de pensamiento y expresión deben tener una posibilidad de acción en la realidad, el poder crear, decidir, etc. Para esta aplicación es necesario una preparación desde la niñez, pues sino la libertad se torna en anarquía, hasta llegar a un renacimiento de la necesidad del padre, ante este caos. La educación debe dar prioridad al ser y no al tener, en este contexto debemos fijarnos más en el proceso de desarrollo de la persona que en la transmisión de conocimientos, establecer una relación con el niño, a través de la cual evolucione su personalidad. La reforma de la escuela pasa por la formación del profesor, para un mejor conocimiento del niño. La evolución de los alumnos es individual, cosa que puede angustiar al maestro, junto con la inseguridad que produce esta libertad y autonomía dadas al alumno. Si permitimos al niño evolucionar, éste creará sus mecanismos de razonamiento y pensamiento y los utilizará cuando sienta esa necesidad.
SIMBOLOGÍA DE LA ACCIÓN: 

Para llegar al inconsciente, nos servimos de la acción, prescindiendo del lenguaje verbal. 
Nos ayudamos de nuestro cuerpo y entramos en contacto con el espacio y los objetos, que nos hace entrar en un nivel inconsciente. 
Mediante el movimiento expresamos nuestras tensiones emocionales, damos rienda suelta a la autenticidad de la persona, a expresar sus deseos. 
Mediante esta vivencia nuestras tensiones se resuelven sin explicación verbal. Esta vivencia a nivel de grupo, da cierta cohesión lo que permite la colaboración y cooperación, esenciales para una vida en sociedad. 
Esta actitud es característica de la naturaleza humana, se encuentra dentro de todos, debajo de nuestras diferencias culturales, raciales, de género o ideología. El lenguaje o simbolismo de la acción es el más primitivo de todos los modos de comunicación.

domingo, 20 de abril de 2014

MoVerse en Libertad !!! Emmi Pikler

Breve biografía:

Emmi Pikler nació en 1902 y murió en 1984 en Hungría. Después de sus estudios de medicina en Viena, se dedicó especialmente a la pediatría, siendo años más tarde una de las dirigentes del Instituto metodológico de educación y cuidados de la primera infancia de Budapest.  Desde 1946 hasta 1979 se encargó de la dirección del Instituto de Educación y cuidados de la primera infancia de Budapest, fundado para bebés que precisaban cuidados prolongados fuera de su familia. 
Los comienzos profesionales de Emmi Pikler habían sido en el ejercicio de su profesión de pediatra de familia. Ayudaba a los padres a la observación de su bebé para que ellos mismos descubrieran la importancia de tener confianza en la capacidad de desarrollo del niño. Juntamente con ellos razonaba la creación de las condiciones materiales y emocionales más adecuadas para que las actividades del niño fueran más ricas, sin necesidad de intervenir directamente en su juego ni en su acción. Establecía con los padres el ritmo de alimentación y de sueño más adecuado al niño y aseguraba que los momentos de cambio de pañales, higiene, vestido y comida, fueran ocasiones tranquilas y de relación placentera entre padres e hijo, estando siempre atentos a las reacciones del niño y favoreciendo su participación en cada una de estas actividades. Estos mismosprincipios fueron trasladados al instituto Lóczy y desarrollados ampliamente a lo largo de su trayectoria.
Pickler ideó un sistema educativo basado en el respeto total del niño, en el cual el adulto adoptará una actitud basada en la "no" intervención en su desarrollo y en la inducción del niño a una actividad autónoma.  

Una de las cuestiones más relevantes para ella ha sido que el desarrollo motórico del bebé es naturalmente espontáneo y que si se les proporcionan unas determinadas condiciones alcanzarían por sí mismos un desarrollo correcto. El adulto no debe enseñar movimientos ni ayudará a realizarlos, los niños se mueven por iniciativa propia y personal, en resumen, un movimiento libre. 


Pikler fue una pionera en el cuidado y educación de los bebés y niños pequeños en los orfanatos de su país. Abogó para que los infantes se dan nuestro más alto respeto se centra en el establecimiento de auténticas relaciones de confianza entre el adulto y el niño. Su enfoque pacífico insta a los profesionales de la niñez temprana a bebés y niños pequeños consideran como individuos competentes, confiables y únicos que se centran, auto-iniciación y comprometidos, con recursos, seguros, cooperativas y curioso (Gerber, 1984). Ella utiliza el descriptor "tranquilo" porque cree que es necesario crear un ambiente seguro, tranquilo, a reducir la velocidad, poner atención y permita que los niños se muevan y jugar a su manera. Por desgracia, porque este trabajo se llevó a cabo en la era comunista Hungría, cuando la comunicación con el oeste era muy limitada. Cuando Emmi Pikler murió en 1984, el instituto comenzó y corrió con dedicación para algunos treinta y ocho años recibió el nombre de Emmi Pikler Instituto Nacional Metodológica para viveros residenciales y se refiere a menudo como el Instituto Pikler.
Según esta pediatra, las fases del desarrollo motor del niño las marca su propio desarrollo y el adulto no deberá intervenir para que no sea perjudicial. El hábito de ayudar a los niños a adoptar determinadas posturas, posiciones o actitudes no es beneficioso para ellos. 
Los principios del desarrollo del bebé se encuentra dominado por la motricidad. Los movimientos son las manifestaciones más observadas. Todos ellos presentan significados, los movimientos de succión, respiración, etc. Todos los movimientos que el niño realiza los hace cara al entorno que lo rodea.
Pikler se dedica más a fondo en el estudio del desarrollo de esta serie de movimientos posturales. El desarrollo motor de los niños se realiza de una forma espontánea mediante su actividad autónoma de cada día en función de su maduración orgánica. La ayuda que el adulto aporte al niño será indirecta, es decir, aportará lo necesario para que el ambiente en el cual el niño se mueva este adecuado a sus necesidades.

Emmi Pikler concibió una nueva forma de ver el niño pequeño. Para ella el bebé es un ser capaz de desarrollarse de forma autónoma. Las diferentes fases del desarrollo motor se dan cuando el bebé está preparado para ello, sin la ayuda del adulto. Éste se convierte en mero observador de las actividades del niño, mostrándola su apoyo y cariño en momentos especiales, como en los cuidados cotidianos. 



Trabajo Práctico: 
1.- leer el articulo y ver críticamente el vídeo.
2.- enunciar los aspectos relevantes que diferencian la concepción de la Doctora Emmi Pikler,  "MoVerse en Libertad" a diferencia de otras formas de estimulación Infantil.
3.- a partir de lo analizado, defina la actividad motora espontánea. 
4.- dejar el trabajo, como comentario en el articulo del blog, colocando nombre apellido del o los integrantes del grupo.

miércoles, 18 de abril de 2012

“Organizadores del Desarrollo Psicomotor”

Desarrollo Evolutivo Integral Humano

Myrtha Chokler, Psicomotricista.

Resumen:
El desarrollo humano, es un proceso de organización progresiva y de complejización creciente de las funciones biológicas y psicosociales. Podemos definirlo como “un proceso de transformación en la convivencia”, en el que distinguimos un conjunto de transformaciones estructurales, gatilladas por interacciones al interior de nuestro organismo, (de las que en su mayoría no tenemos conciencia por ser invisibles para nuestros ojos), y , por perturbaciones externas, gatilladas en la interacción de nuestro organismo con el medio, (distinguibles en su mayoría por un observador atento); que generan progresivamente las conductas y habilidades que nos llevan a operar de un modo cada vez más autónomo y competente.

Durante nuestra primera infancia distinguimos una sensorialidad, sensibilidad y motricidad que aparece predominantemente dispersa, disgregada y fragmentada en su inicio, que va transitando por un largo camino hasta llegar a la construcción de un sentimiento de unidad, continuidad y cohesión de sí mismo, que constituye las raíces de la identidad personal. La ciencia nos ha mostrado cuales son las necesidades esenciales para el crecimiento y la maduración, sus períodos críticos, sensibles y las condiciones materiales, afectivas, culturales y sociales imprescindibles para que esas potencialidades se expresen y manifiesten en la realidad cotidiana desde los primeros años de la vida de un niño. Y también no ha mostrado las consecuencias, las secuelas a corto y largo plazo de la carencia, cuando las múltiples necesidades no son esencialmente satisfechas durante las etapas críticas. E. Pichon Rivière, sostiene que el sujeto es emergente de una compleja trama de vínculos , de sus condiciones concretas de existencia, (dominio biológico) y es a su vez productor activo de transformaciones en el medio, (dominio relacional).
Myrtha Chokler, en un articulos sobre neuropsicosociología del desarrollo escribe: “El proceso de constitución del sujeto humano es producto de una compleja transformación evolutiva donde lo biológico, entre ello lo neurológico, constituye la base material para las relaciones adaptativas con el mundo externo.” Donde como diría el Dr. Humberto Maturana, lo genético y lo congénito, participa, pero no determina, ya que, como reconoce, Myrtha Chokler, lo biológico esta a su vez entramado en la urdimbre social que es la que genera realmente a una persona. “Persona que desde el nacimiento es comprendido como un ser completo, aquí y ahora, constructor activo de sus relaciones en cada una de sus etapas y no sólo un proyecto futuro a devenir, a construir o a destruir. Reconocemos al bebé como un ser activo, capaz de iniciativas, de acción y no sólo de reacción, abierto al mundo y al entorno social del cual depende, sujeto de emociones, de sensaciones, de afectos, de movimientos y vínculos, de miedos y ansiedades, vividas en el cuerpo, porque el bebé es todo cuerpo, sensorialidad y motricidad.
Es un ser que se desarrolla a partir de los otros, con los otros y en oposición a los otros, como un sujeto que otorga sentido y significación a su entorno y en un intercambio recíproco. Protoinfante, pero persona entera siempre, más allá de la normalidad o de la patología, más allá de lo que tenga o de lo que le falte, en interacción con un medio que lo anida, permitiendo que produzca en sí mismo, la serie de transformaciones sucesivas que constituyen su proceso particular, original de crecimiento y de desarrollo en tanto persona; en el pasaje progresivo del predominio de la dependencia al predominio de la autonomía”. (M. Chokler, 1998).

Los Factores Organizadores Del Desarrollo De acuerdo a lo planteado por Myrtha Chokler en su libro: “Los Organizadores del Desarrollo Psicomotor”, presenta 5 factores que para ella son críticos en la organización del desarrollo:
1. Vínculo de Apego. 2. Exploración. 3. Comunicación. 4.Equilibrio Postural. 5. Orden Simbolico.

Este proceso complejo se produce por la interrelación dialéctica de factores estructurantes que facilitan, ordenan u obstaculizan las interacciones del sujeto - en este caso el recién nacido y el niño pequeño - con su medio esencialmente humano, pero también material y cultural, que operan como organizadores del desarrollo. De la calidad con la que se imbrincan y operan estos factores organizadores, a partir de su estructuración biológica originaria, depende el curso del desarrollo.

1. Primer Factor: Vínculo de Apego La calidad de las relaciones afectivas con el entorno, los lazos que constituyen el vínculo primordial con los adultos que lo cuidan, denominado por J. Bowlby: “vínculo de apego”, cuya función es proteger, acoger, sostener y tranquilizar al niño en su contacto con el mundo, que, por ser nuevo y renovado permanentemente, le despierta curiosidad, interés y también inquietud, alarma y ansiedad. “Aunque el niño tiene una tendencia genética a promover la proximidad o el contacto con una persona y apegarse a ella también hay un aprendizaje de la función y es evidente que ésta se va desarrollando hacia aquellas con las que tiene más interacción o que le brinden las respuestas específicas más cálidas y adecuadas”. Los avatares de dicha interacción con las personas significativas, la calidad predominante de gratificación o de frustración que le aporten, el sostén, seguridad, apaciguamiento filtrando los estímulos invasores, o por el contrario el temor o ansiedad que le provean están en la base de la construcción de las matrices afectivas, relacionales y sociales que permiten al sujeto sentirse más o menos acompañado y confiado en su entorno y seguro de sí mismo. En la constitución, firmeza, estabilidad y solidez del vínculo de apego además del placer de satisfacción de las necesidades biológicas y afectivas, tienen un lugar primordial el tacto, el contacto físico, los olores, la tibieza, la suavidad, el movimiento lento y rítmico del cuerpo, los mecimientos, la mirada, los arrullos, la sonrisa y la voz. La presencia indispensable del otro unifica la sensualidad dispersa y el espejo expresivo que el rostro y el cuerpo todo del adulto le devuelve, va otorgando sentido y significación a la sensorialidad y a la motricidad desordenada. Esta motricidad y la sensorialidad abierta al mundo están al servicio de construir y mantener en lo posible un estado de integración, de reunificación, aunque fuere precario. Así vemos un bebé de pocos días crispar su cuello y sus hombros cuando se lo levanta de las axilas, intentando no desparramarse, no dislocarse ante la falta de apoyatura. Lo vemos aferrarse a su entorno, sin el cual toda vivencia de unicidad, de cohesión resulta frágil. La falta de sostén físico y emocional, de contención, conduce a una activación excesiva de las ansiedades primitivas, descritas por D.W. Winnicott y otros autores, y a sensaciones caóticas de desborde y de disgregación de sí: toda experiencia nociva, desagradable -hambre intensa, por ejemplo- o todo estímulo inesperado, doloroso o brusco, como la hiperestimulación sensorial y/o laberíntica de los giros, los desequilibrios, las sacudidas, la inestabilidad de apoyos suficientes, los cambios de posición rápidos, en los que pierde los referentes espaciales, propioceptivos y visuales, y no puede prepararse para su secuencia ni capta su sentido, ataca ese estado frágil de integración, de unificación, puede angustiar y desorganizar al bebé, dejando huellas de sufrimiento en el cuerpo, sin imágenes todavía por la precariedad del sistema nervioso y del psiquismo. Este sufrimiento que provoca una desestabilización neuropsicológica del sistema general de adaptación y que se actualiza más adelante en trastornos del sueño, de la alimentación, de la conexión y en somatizaciones va consolidando una estructura a veces extremadamente vulnerable que pone en riesgo el desarrollo del niño. Al principio de la vida el protoinfante necesita por ello mucha proximidad con los adultos significativos, calma y comprensión. A partir de la sensación de seguridad y confianza que le brinden los adultos, al sentirse acogido y sostenido por que ellos, va a poder abrirse y volcarse hacia el mundo circundante. Pero para garantizar el crecimiento y desarrollo de un niño hay que cuidar fundamentalmente a los adultos que se ocupan de ese niño, porque finalmente nadie puede dar lo que no tiene. No se puede brindar sostén, respeto, continencia, afecto, si uno no ha vivido el ser querido, sostenido, contenido, reconocido y respetado. El vínculo de apego tiene también como función esencial neutralizar las ansiedades, los temores, el exceso de tensión provocados por el contacto con lo desconocido. Progresivamente, en función de la maduración neuropsicológica y de la calidad de la interacción con su medio, el sujeto va a ir transformando sus conductas de apego a través de dos procesos importantes:

1.- En primer lugar, la interiorización paulatina de las características de acompañamiento y consuelo de las figuras primarias significativas y en ese alejamiento aparece la función del objeto y del espacio transicional. D.W. Winnicott ha desarrollado el concepto de “fenómeno transicional” para referirse a un espacio de creación entre la madre y el niño. De la ilusión del estado fusional madre- bebé a la desilusión y separación se transita por un espacio intermedio que no pertenece ni a la madre ni al niño, pero permite la creación del “objeto transicional”. Objeto cálido, recubierto con las características maternas, utilizado por el niño como defensa contra la ansiedad de separación. Objeto insustituible, siempre único y singular (el osito de peluche, el trapito, una punta de la sábana, el dedo pulgar) que el adulto debe respetar y cuidar porque simboliza para el niño su primera posesión. Cuanto más marcado por los signos sensoriales que lo tranquilizan, el olor, la temperatura, la textura, más propio lo sentirá el niño. Nadie más que él puede cambiarlo. Posesión que le permite la experiencia de la continuidad de su existencia al tiempo que se separa del campo materno. 2.- En segundo lugar, el proceso de separación permite el desplazamiento afectivo y la distribución de las funciones del apego en otros adultos con los que se familiariza; luego en algunos de sus pares, lo cual le facilita transitar instancias de socialización ampliada con el sentimiento de seguridad y de continuidad de sì mismo y del otro.

2. Segundo Factor: Exploración El contacto, la exploración y la experimentación del entorno humano y de los objetos, le permite, a su nivel, conocer y apropiarse progresivamente del medio construyendo sus matrices de aprendizaje y sus actitudes y aptitudes cognitivas a través del juego.

3. Tercer Factor: Comunicación La comunicación con los demás, que se inicia en un “Diálogo Tónico-Corporal”, de contacto, miradas, gestos, mímica, voces con las figuras primordiales, base de la expresión y de la interacción emocional, constituye las raíces indispensables del lenguaje verbal.
4. Cuarto Factor: Equilibrio Postural El niño utiliza su motricidad no sólo para moverse, para desplazarse o para tomar los objetos, sino, fundamentalmente para “ser” y para “aprender a pensar”. La evolución del equilibrio, de las posturas y de los desplazamientos, la apropiación y dominio progresivos del propio cuerpo le permiten en cada momento de la vida, a su nivel, organizar los movimientos y construir y mantener un íntimo sentimiento de seguridad postural, esencial para la constitución de la imagen del cuerpo, de la armonía del gesto y de la eficacia de las acciones, lo cual tiene repercusiones en la constitución de la personalidad en su conjunto y en la organización y representación del espacio. Esta concepción ha permitido integrar una mirada científica neurofisiológica y psicológica del proceso de construcción del equilibrio postural reconociendo la continuidad genética del desarrollo motor. Los niños acostados boca arriba desde su nacimiento y durante los primeros meses, fuera de los momentos de interacción con los adultos, se mantienen en esa posición, durmiendo o no, giran libremente la cabeza ciento ochenta grados, sin obstáculos provocados por el peso de la misma, mueven las piernas y los brazos con toda la amplitud que le permiten sus articulaciones. Luego, por su propia maduración e iniciativa, ellos mismos logran girar de costado. De tal manera, girando hacia un lado y volviéndose boca arriba, juegan con gran movilidad. Más tarde aprenden a girar boca abajo, pasando de decúbito dorsal a decúbito lateral y luego a ventral y sólo después aprenden a pasar de decúbito ventral a decúbito dorsal.

Durante estos meses todos los bebés sanos juegan cada vez más tiempo y con mayor seguridad y soltura pasando por las tres posturas: boca arriba, de costado y boca abajo. Comienzan a desplazarse inicialmente pivotando, después con giros repetidos, después rolan, luego reptan, propulsándose hacia atrás o hacia delante; ulteriormente se desplazan en cuadrupedia y trepan. Progresivamente, a través de distintas modalidades, pasan por posturas intermedias: a la posición semisentada acodada, a semisentada apoyándose en una mano para luego llegar a la posición sentada. La postura de las piernas flexionadas hacia atrás, permite una verticalidad estable sobre una amplia base de sustentación con el centro de gravedad muy bajo, lo cual garantiza la disponibilidad de la cintura escapular, las posibles rotaciones o cambios de frente, sin peligro de pérdida de equilibrio. Luego se arrodillan sosteniéndose luego sin sostén, se desplazan de rodillas, se ponen de pie sosteniéndose; se mantienen de pie sin sostén, aprendiendo más tarde a ponerse de pie con soltura desde el suelo, sin sostenerse. Así llegan a realizar los primeros pasos por su propia iniciativa para adquirir luego una marcha segura.

El orden de aparición de las posturas y desplazamientos es el mismo en todos los niños hasta el momento de reptar, luego depende de variaciones individuales. En ocasiones puede suceder que el reptado dure muy poco tiempo, o, excepcionalmente, que un niño no lo ejercite nunca. Todas estas posturas son intermedias entre la horizontalidad y la verticalidad, adquiridas a partir de una progresiva reducción de la base de sustentación y la elevación, también paulatina, del centro de gravedad, y de verticalización de la cabeza, asegurando la riqueza de los matices, la plasticidad, soltura, armonía y funcionalidad de las posturas y desplazamientos. A partir de las primeras posibilidades de movimiento del recién nacido, las nuevas posturas y desplazamientos aparecen unos después de otros, se estructuran en una unidad orgánica y funcional, integrándose a los precedentes, y evolucionando progresivamente en secuencias encadenadas, siempre y cuando las conductas del adulto y las condiciones del medio no interfieran en esta evolución, sino que la favorezcan. La edad de adquisición de cada una de las etapas el tiempo de experimentación de cada movimiento y el momento de su abandono o integración en pos de una próxima etapa, varía dentro de límites muy amplios entre un niño y otro. Estas posturas intermedias aseguran los pasajes armónicos de una a otra, percibiendo el niño todas las partes activas de su cuerpo y su propia capacidad para hacerlas funcionar en el momento más adecuado con una permanente autorregulación. Esta percepción y autorregulación son esenciales en la construcción del esquema corporal y en la eficacia de sus actos. En conjunto, no hay correlación entre la calidad del movimiento y la precocidad de adquisición de una postura, ni entre esta precocidad y la maduración cognitiva. Esta última está mucho más ligada al desarrollo de la manipulación y de la coordinación óculo manual que a la maduración tónica del eje corporal. Libre de realizarlos a su propio ritmo, los aprendizajes motores están en función de su maduración neurológica y de sus capacidades de integración psíquica. El niño seguro afectivamente va abordando los cambios, afrontando pequeños riesgos sin colocarse realmente en peligro. El gesto autónomo y la soltura del movimiento son indicadores importantes a la vez de su maduración neurológica y psíquica.

5. Quinto Factor: Orden Simbólico El conjunto de valores, creencias, saberes sociales y culturales del entorno, constituyen elementos del orden simbólico que lo incluye en la familia y en la cultura. Las estructuras de filiación, de pertenencia, de raigambre, los mitos, las leyendas, los relatos que hacen a la historia familiar y comunitaria, la ley, la norma, el lugar, el posicionamiento como objeto o como sujeto, los mandatos explícitos e implícitos, forman parte de representaciones sociales que se interiorizan con una fuerte carga en la subjetividad. En relación con las creencias y saberes, formas de crianza y educación infantil, existe todo un corpus de conocimientos y creencias que forma parte de cada cultura y de cada una de las sociedades que la integran. El conjunto de creencias, teorías, ideas y comportamientos, constituyen supuestos básicos, provenientes de distintas fuentes: algunas veces responden a mitos o supersticiones. De estos orígenes habitualmente no se tiene conciencia porque se toman por naturales y se dan por hechos: han formado parte de la propia crianza, están en los productos e instituciones culturales y sociales, forman parte del paisaje cotidiano compartido. Las diferencias individuales del desarrollo de los niños están sin duda ligadas a la interrelación de todos estos cinco factores organizadores con el ritmo madurativo de cada uno, con el tiempo que cada uno se toma para el descubrimiento, la ejercitación y la utilización instrumental de múltiples aprendizajes. Estas diferencias constituyen justamente parte de la originalidad del proceso personal y por ello son particularmente estructurantes. El hecho de que en todo momento el bebé pueda mantenerse activo, libre, con iniciativa, le permite resolver con pertinencia las tareas que a su nivel se plantea, experimentando sus competencias en la continuidad de su experiencia. Esto le ayuda a construir activa y sólidamente su imagen corporal, base fundamental de la elaboración de la imagen de sí y del sentimiento de unidad y consistencia de su yo. Existe evidencia que los cuidados extrauterinos no sólo afectan el número de células cerebrales y las conexiones neuronales, sino todo el proceso de maduración cerebral. Los procesos de maduración se construyen por interacción entre las complejas potencialidades neurobiológicas y las condiciones del ambiente, creemos que no están en uno u otro lado sino justamente en la interrelación entre ambos. Tiene que ver con la concepción de “zona de desarrollo próximo” de Vygotsky, de “competencias” de Bruner y de “medio” de H. Wallon. Por otro lado, como bien sostiene H. Wallon, la maduración precede al aprendizaje. Nada puede aprenderse si el equipamiento neurobiológico, emocional, cognitivo y social no está maduro. Lo que se adquiere con un equipamiento inmaduro son conductas deformadas, inseguras, precarias, disociadas, con efectos más o menos inquietantes en el conjunto de la personalidad de acuerdo al nivel de inmadurez que soporta el forzamiento, aún con la seducción afectiva, para desencadenar una conducta supuestamente esperable. Como sostiene también Wallon, estimular una función aislada de la conducta global en la que debería integrarse adaptativamente en un estadio del desarrollo, en lugar de facilitarlo lo bloquea, confunde e interfiere en la autorregulación. Un ejemplo evidente es la torpeza en la marcha de un niño que aun no tiene suficiente maduración biológica, emocional, afectiva y/o cognitiva, para ello pero al cual se lo ha “estimulado” para hacerlo, debiendo mantener precariamente un equilibrio dinámico que no domina, con las consecuentes dificultades para regular la conducta, las caídas, los golpes y los riesgos ante los que se enfrenta sin medios para controlarlos, lo cual provoca inseguridad en sí mismo, falta de confianza en los propios recursos, una imagen de sí como ineficiente y torpe y con la exigencia de responder a un entorno que le demanda performances más allá de sus posibilidades. En definitiva toda estimulación tenaz de una función para la que el sujeto todavía no está maduro implica una sobreexigencia que determina la necesaria utilización de otros sistemas ya maduros pero no pertinentes para la acción que se quiere provocar, y por lo tanto la distorsiona.