Saltar al agua desde el borde con un vuelo, fundirse en ella con un abandono relajado de tensiones, ingresar a la pileta sólo de mi mano o bajar del borde con la ayuda de papá, son algunas de las singulares situaciones que suelo presenciar, de cada uno de los niños, al momento del encuentro con este elemento.
Nadar no es un acto meramente físico, es un proceso cerebral complejo, que implica aprendizajes motrices, percepciones de sí, capacidades condicionales, equilibrio y ciertas automatizaciones. Pero también son procesos psíquicos y cognitivos que, a tavés de la vivencia de situaciones de placer, se ponen en juego mecanismos que se constituyen, en función lúdica de realización de actividades reparatorias.
Sabemos que después del nacimiento el mundo interno y la realidad externa del sujeto, le otorgarán la posibilidad de conocer el mundo, a través de diversas interacciones. Cuantas mas experiencias viva el sujeto, mayor será su capacidad de desarrollo, es aqui donde el medio acuático se constituye como un nuevo estímulo, que le brindará la pasibilidad de integrar sus conocimientos a los nuevos sistemas de relaciones, vivenciados por su cuerpo en este nuevo ámbito.
En este inter juego sujeto-medio, se incrementarán las capacidades de expresión de movimientos y ademas se enriquecerán las relaciones interpersonales. Es entonces cuando el medio acuático deja de ser un simple mediador, para pasar a constituirse en el “espacio” de proyección del sujeto, constituyendo así un nuevo espacio de acción, para desarrollar su subjetividad.
El cuerpo encuentra en el agua: la contención y el sostén; y las constantes re equilibraciones corporales que provocan placer y satisfacción, generando sentimientos de alegría, potencia y auto valimiento. Estas vivencias posibilitan que el niño se reencuentre con su propio cuerpo, pueda sentirse y reconstruirse, para luego poder repensarse, no ya como un cuerpo con vivencias de displacer, sino como un cuerpo totalizado que proporciona satisfacción y encanto.

En este camino de construcción del Medio Acuático, todas las adquisiciones logradas se vuelven a poner en juego para conquistar este nuevo espacio. Tal como Piaget describe el proceso de adaptación, la organización psicomotriz vuelve a reorganizarse partiendo desde los primeros esquemas de acción vividos por el sujeto. Es en este momento cuando la presencia del adulto, sujeto real, con una significativa presencia, sostiene a través de una fuerte intervención en la matriz vincular, permitiéndole reconstruir estos esquemas de forma placentera y totalizadora.
Ahora bien, si tomamos dimensión de la singularidad del proceso establecido con el agua y comprendemos como esta experiencia es vivida por cada individuo, no podemos, de ningún modo, realizar propuestas de acción, ni establecer actividades en forma rígidas y generalizadas y tampoco podemos esperar resultados similares. De nada serviría valerse de idénticas estrategias y métodos para distintos sujetos, ni si quiera cuando nuestro objetivo fuese unicanente el competitivo.
Esta pedagogía diferenciada requiere de un docente atento a las particularidades, que comprenda la diversidad y posibilite el surgimiento del estilo propio, como expresión de "lo creativo".
